La historia que no termino (1ra PARTE)
Hace algunas semanas recibí la llamada de una de las pocas sobrevivientes, amigas solteras, que se encuentran en mi entorno social, como de costumbre yo ni imaginaba los motivos por los que ella lo hacía esta vez, luego de conversar unos minutos mencionó que tenia una sorpresa para mí, como de costumbre la sola palabra hizo que empezara a fantasear, hasta que dijo – Te paso con alguien que quiere hablarte - con un tono misterioso e irónico, que pocas veces le he escuchado, de inmediato recibí el saludo sutil de una voz delicada (una mujer por supuesto), en el acto mi relajada y despreocupada postura se estremeció, con un simple “Hola como estas” me quedé pasmado, atónito, congelado – como ese juego en el que te solían tocar y no podías moverte “encantados”- yo conocía esa voz, una voz que no había tenido el placer de escuchar por el corto periodo de… cinco años.
Era indudablemente la voz de “I”, una ex enamorada de mi etapa escolar, que dicho sea de paso fue con quien a pesar de habernos querido bastante, luego de un traspié (mió lamentablemente), y orgullo por parte de ambos, nunca volvimos a intentarlo, y no porque las situaciones no se hayan dado, simplemente que a veces por no dar a torcer el brazo un poco, se pierden oportunidades, y este no fue el primer caso, ni será el último.
Luego de esa corta pero agradable conversación, tuvimos algunas más, por el mismo medio inalámbrico e impersonal, hasta que al fin con ayuda de mi queridísima amiga “S” logramos acordar un encuentro, de manera que íbamos a salir emparejados, algo extraño para mis mejores amigos ya que generalmente siempre ando solo y paro de violinista (debe ser que ya no toco bien, porque no salimos tan seguido); llegado el día del reencuentro como habíamos acordado fui a recoger a mi ex pareja, recordando en el camino las cosas que habían sucedido entre nosotros, tratando de desmembrar recuerdo por recuerdo los momentos que habían marcado su nombre en mi voluble alma adolescente, para no perder el toque interesante me compre un cigarrillo, me apoye en un lugar cercano al lugar indicado, y fiel al estilo de Clint Eastwood con una mirada cabizbaja y misteriosa, inicié la espera de mi querida “I”.
Al verla después de tanto tiempo, se despejó ese aspecto misterioso que quería adoptar para impresionarla, todo lo contrario en mi rostro recuerdo haber tenido una sonrisa de oreja a oreja, con mi cara de gilipollas, echo todo un pavazo cuando ella se dirigía hacia mi para saludarme, hasta ese momento era un reencuentro común y silvestre, hicimos algunas llamadas para ubicar a nuestros amigos con los que saldríamos, compramos un par de cigarrillos para el camino y tomamos un taxi hacia la casa de nuestra amiga, en el camino fuimos poniéndonos al día en cuanto había sucedido en nuestras vidas hasta ese momento, ella se encontraba trabajando en un centro comercial (cosa que ya deducía por que la fui a recoger a salida del mismo), la veía mas madura, aunque no dejaba de notar en ella ese algo que me encantaba cuando me enamore de ella, ese intereses que me prestaba con cierto desdén, no podía dejar de observarla, claro que de vez en cuando ella parecía darse cuenta y yo trataba de disimular volteando la cabeza como si hubiera estado observando algo en el camino, ese clásico movimiento de cuello como diciendo yo no fui; del mismo modo en que ella me hacia un breve resumen de su existencia yo también le narraba algunas cosas de mi nada interesante vida, como que había terminado la universidad, me encontraba desempleado, pero profesional al fin y algunos planes que espero realizar, cuando de pronto llegamos a nuestro destino, cortamos la empalagosa conversación - que de atractiva le quedaba poco – y tocamos el timbre de la casa de “S”.
Así entonces conversamos unos instantes, nos saludamos mutuamente, hasta que llego mi camarada de mil y una historias, subimos a su discreto automóvil, que aunque discreto, también tiene su historia y sus kilómetros bien recorridos - pero esa es otra historia-. Con la rica cumbia que por estos momentos es el hit de estas latitudes, esas cancioncitas pegajosas de “Hermanos Yaipén”, “El Grupo 5” y sus amigos como dice una de nuestras radios locales, nos acompañaron en el camino a un lugar tranquilo, desierto, y sobretodo sin vecinos, ni las molestas camionetas de serenazgo.
Con una cajita de cervezas en las maletera, aunque el clima gélido no lo ameritaba, empezamos nuestra velada, en esos momentos la conversación con “I” ya había progresado, mientras yo conversaba con ella, mi aliado hacia lo mismo a no mas de dos metros nuestro, de pronto el frió comenzó a realizar su trabajo y noté que la pobre y frágil “I” se iba entumeciendo poco a poco, de manera que había que tomar algunas medidas, yo estaba dispuesto a entregarle mi impermeable abrigo, pero solo contaba con no mas que un polo bajo , lo que impedía realizar mi acto caballeresco, pensamos por unos instantes y acordamos ser mutualistas, ninguno de los dos quería padecer bajo ese inclemente clima nocturno, decidimos juntarnos y yo, gentil y cuidadosamente la abrazaría y trataría de abrigarla, situación en la cual ambos nos favorecimos, ella se abrigaba por un lado y por otro yo la tenía nuevamente entre mis brazos.
Empezamos a reavivar el pasado, por sus palabras ella nunca olvidó lo que hice cuando era un adolescente, nos preguntamos varias veces ¿Por qué? (y ya se porque, pero eso viene después), que fue lo que sucedió entre nosotros; empezamos a acercarnos como si esos momentos de hace cinco, seis, no recuerdo bien cuantos años, volvieran a aflorar, cada recuerdo comenzaba a brotar nuevamente en mi mente y en la suya también, a pesar de que libábamos glaciales vasos de cerveza, y el frió se hacia mas crudo, en esos instantes me sentí extrañamente afortunado estando junto a ella, y en unos instantes regresamos en el tiempo y conjugamos esos recuerdos en un prolongado ósculo, seguidos de otros más, y algunos más aparte de esos.
Por fuerzas espectrales nos tuvimos que alejar del lugar, la noche era joven sin embargo era necesario retirarnos, en el camino intercambiamos palabras dulces, nos veíamos a los ojos, tomábamos nuestras manos como ese corto periodo que compartimos en nuestra juventud temprana, y prometimos intentar terminar la historia que quedo inconclusa esa vez…
Continuará…




2 comentarios:
Abusivo! jaja seguro la conozco.
hey esta interesante tu historia pero me gustaria saber en que acaba espero que se en algo bueno
sigue adelante ta chevere tu blog
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